La brecha de existir profesionalmente como jefe en España
Ella y él tienen el mismo cargo. El mismo salario. La misma reunión de los lunes. Pero a final de mes, su factura de «existir profesionalmente» es completamente diferente.
Estoy hablando del pink tax profesional. Un coste que nadie negocia y que recae, de forma sistemática, sobre las mujeres en puestos de liderazgo.
Maquillaje — Estudios demuestran que las mujeres sin maquillaje son percibidas como menos competentes. Ese sesgo tiene precio: entre 60 y 150 € al mes.
Calzado — Él tiene dos pares. Ella necesita planos para el lunes, tacones para la presentación, cómodos para el miércoles, elegantes para el cliente. Cuatro funciones, cuatro pares.
Bolso — No es un accesorio. Es un archivo, botiquín y señal de estatus. El mercado del lujo lo sabe y lo cobra.
Joyería y complementos — Opcionales para él. Esperados para ella.
Ropa interior específica — Invisibles. Caros.
Peluquería — Las mismas canas que en él resultan «distinguidas», en ella resultan «descuidadas». Los números hablan solos
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Directora |
Director |
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Ropa interior |
65 € |
12 € |
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Maquillaje |
90 € |
0 € |
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Calzado |
55 € |
18 € |
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Bolso y complementos |
45 € |
10 €
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Peluquería |
85 € |
18 € |
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Joyería / accesorios |
30 € |
5 € |
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Total mensual estimado |
370 € |
63 € |
307 € de diferencia al mes. 3.684 € al año. Sin contar el IVA diferencial sobre productos «de mujer». Esto no es vanidad. Es el coste de cumplir con un estándar de presentación que el entorno laboral aplica de forma asimétrica. Y es un coste que no aparece en ningún convenio, en ninguna oferta de trabajo, en ninguna política salarial.
