Beneficio oculto y precio a pagar

Beneficio oculto y precio a pagar

Beneficio oculto

Se refiere a las ventajas, a menudo inconscientes, que una persona obtiene gracias a su problema: más atención, cuidados, evitar responsabilidades, justificar bloqueos. Se llama “oculto” porque la persona suele decir que quiere cambiar o curarse, pero una parte de ella se aferra al síntoma porque le trae alguna forma de ganancia emocional, relacional o incluso económica.

Para ilústralo con una situación extrema, tomemos una neurosis o un dolor crónico que pueden “servir” para: recibir más afecto, evitar un trabajo odiado o mantener la lealtad a una historia familiar de sacrificio, lo que explica la resistencia a la cura.

En el trabajo sistémico con playmobil (figuras), y en las constelaciones organizacionales, siempre siempre doy un lugar al beneficio oculto. Es decir, una de las figuras, uno de los papeles, uno de los representantes humanos, tiene el rol del beneficio oculto. Tiene tanto que mostrarle al cliente sobre el asunto que explora y la real energía de cambio que dice tener para lograr lo que quiere modificar.

Poner palabras al beneficio oculto no es culpabilizar, sino hacer visible el pacto inconsciente: “qué gano quedándome donde sufro”. En lo profesional existen varios beneficios ocultos que ahora recuerdo:

  • Reconocimiento por “sacrificarse”,
  • evitar conflictos,
  • mantener lealtades del equipo,
  • no exponerse a la incertidumbre

El foco se mantiene en la elección responsable: ayudar a que el cliente vea el precio de sostener su guion de sufrimiento y recuperar capacidad de decisión, explorando el precio que paga por el beneficio oculto.

Una vez explorado y habiendo dado voz al beneficio oculto, es necesario explorar en nosotros y en el asunto del cliente lo que yo llamo la tarea de después.

La tarea de después.

Lo que debemos hacer una vez logramos un objetivo a veces es el gran obstáculo para emprender algo nuevo. Es la tarea de después. Es decir, hacernos cargo de las consecuencias que trae obtener algo, realizar un cambio. Para ilustrar esto me gusta la frase de Virilo: “Cuando inventas el barco, inventas el naufragio; cuando inventas el avión, inventas el accidente aéreo; cuando inventas la electricidad, inventas la electrocución”.

En todos estos años acompañando procesos de personas, especialmente en lo profesional, me parece muy muy humano, temer a las consecuencias del éxito. Burn-out, dificultades para conciliar la vida personal, estrés por continuos cambios en el mercado. Ascensos que traen incertidumbres y nuevas pequeñas incompetencias. En lugar de retar, me funciona darle un lugar a ese temor, a ese obstáculo y explorar ese espacio de futuro. Al fin y al cabo, las personas preferimos el sufrimiento actual pues nos es “familiar”. La tarea de después, ese trozo de incertidumbre parece a veces un postre que huele a vinagre y no siempre tan apetitoso. Cada nuevo rol, competencia o responsabilidad (ascenso, liderazgo, exposición pública, emprendimiento) genera también nuevas vulnerabilidades y posibilidades de caída, al que por mi carácter optimista no daba antes un lugar.

A manera de anécdota, recuerdo de niño una conversación entre mi padre y mi tío. “Ay Jaime, qué tristeza lo de la vaca que se despeñó justo antes de parir”. A lo que mi tío contestó a mi padre: “Al que no tiene vacas, no se le mueren vacas”.

“No es el cambio lo que asusta, sino dejar atrás lo que ya no somos.”

Anónimo